Honores a la bandera

Por una paradoja de la geografía humana, las zonas de la capital escogidas para exaltar el fervor patrio -donde se izan banderas gigantes- son colonias residenciales plenamente asimiladas al american way of life, donde resulta difícil encontrar una tienda o un restaurante que tenga nombre en español ( y si acaso lo tienen, suele llevar el ridículo posesivo en inglés -Paco’s Bar, Estética Xochitl’s- que tanto encandila a los imbéciles). Ajenas al paisaje de su entorno, las banderas kilométricas no pueden fortalecer el orgullo nacional, que brilla por su ausencia en los lugares donde más se le invoca. Más bien reflejan la mala conciencia de una elite política y social que no pierde oportunidad para exhibir su ornamentación patriotitera, mientras anhela con toda el alma integrarse a Estados Unidos.

Autor: Enrique Serna

Del libro: Giros Negros


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